La última pregunta, de Isaac Asimov.

27 05 2008

Lo que a continuación transcribo, es un cuento incluido en el volumen 1 de los cuentos completos (Editorial Punto de lectura o Ediciones B), o en la antología “NUEVE FUTUROS” (Ediciones Martinez Roca) o ya puestos, en el libro: “SUEÑOS DE ROBOTS” (Plaza y Janés Editores) y me la pude bajar by the face en LibrosWebGratis

A mi personalmente, es un texto que me encanta, no soy asiduo a leer libros de Asimov (aunque si me gusta la Sci-Fi en general, apenas tengo tiempo para leer). Salió publicada en noviembre de 1956, y me gustaría que la leyeseis teniendo en cuenta esta fecha. En la última página de esta entrada, os contaré mis propias conclusiones. Sin más preámbulos, la historia (son solo seis páginas)


La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta
manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de rostro – de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac. Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.

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